Narraciones Terroríficas (el Círculo de Lovecraft, Seres de la noche)

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Narraciones Terroríficas (el Círculo de Lovecraft, Seres de la noche)

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Marca: Alberto Santos Editor  •  EAN / Cod. Barras: 9791399158717



Idioma: Español

Encuadernación: Rústica con solapas

Páginas: 296

Por primera vez en España, los relatos originales de los autores que crearon el terror moderno, todos vinculados a Lovecraft y su terror cósmico. Este volumen reúne relatos de seis grandes maestros del terror cósmico y fantástico: Howard Phillips Lovecraft, Robert E. Howard, Frank Belknap Long, Robert Bloch, Henry Kuttner y August Derleth, todos vinculados al mítico círculo de Weird Tales. Tercer volumen, este con énfasis en "Seres de la Noche".



Lovecraft, Howard Phillips

Aire frío fue escrito por H. P. Lovecraft (1890-1937) en marzo de 1926, último año de la estancia del autor en Nueva York. El relato fue publicado por la revista Tales of Magic and Mistery (1928), que pagó al autor solo dieciocho dólares. Fue rechazado por Weird Tales, que, sin embargo, lo rescataría para el número de septiembre de 1939, dos años después de la muerte del autor. La editorial Arkham House también lo publicaría ese mismo año en la primera antología que realizó sobre el autor, The outsider and others. Aire frío es una obra maestra del terror macabro, el último relato del Lovecraft poeniano [con resonancias de La verdad sobre el caso del señor Valdemar (The facts in the case of M. Valdemar, 1845)]. El relato presenta a un trasunto del escritor que malvive de su obra en un bloque de apartamentos de Brooklyn. Su vecino es un caballero español versado en saberes ocultos y que ha ido más allá de la ciencia médica. Aquí Lovecraft fabula con verdadero respeto sobre ciertos elementos de la cultura antigua española, fascinado por sus resonancias mágicas. En esta historia, Lovecraft sienta las bases definitivas de lo que será su estilo literario definitivo: una atmósfera inquietante, llena de olores desagradables, sonidos extraños y ambientes opresivos, para desarrollar paulatinamente el terror. En 1925, Lovecraft y George Kirk, uno de los amigos que el autor de Providence tenía en Nueva York, vivieron en un edificio de apartamentos, el 169 de Clinton Street, en Brooklyn. Meses después, Kirk se mudó a Manhattan, al 317 de la Calle 14 Oeste, lugar que inspiró el escenario de Aire frío. Al parecer, el sitio era tremendamente frío, y la fobia del narrador de este relato recuerda a la del propio Lovecraft, que era muy sensible a las bajas temperaturas. Ambos amigos se sumergían en largos periplos nocturnos, que comandaba Lovecraft, para descubrir vestigios de la arquitectura colonial entre los espantosos edificios modernos. Una de esas agotadoras excursiones los llevó al West Village, donde Lovecraft se inspiró para escribir Él (He, agosto, 1925), y de la exploración de New Jersey surgió La casa maldita (The shunned house, octubre, 1924). Cito un texto de la página de internet Noviembre Nocturno que analiza Aire frío y muestra el alma lovecraftiana de entonces: «Caminaba de noche para evitar las multitudes e imaginar su entorno como algo diferente de lo que parecían ser de día. Buscaba estructuras y reliquias más antiguas (su período de tiempo favorito era la arquitectura de principios del siglo XVIII) y hablaba de una historia más profunda que subyace a la superficie de las ciudades, en los secretos ocultos que de un modo u otro desaparecerían bajo la avalancha del progreso. Allí donde los pasadizos y las galerías subterráneas ocultan todo ese antiguo mundo que jamás volverá». Justo después de Aire frío llegaría la fuerza arrolladora de los mitos primordiales: La llamada de Cthulhu (The call of Cthulhu, verano, 1926). Pero la verdadera llamada para Lovecraft sería la de Providence: la vuelta a su ciudad ancestral para recrear sus maravillas de nuevo, porque Nueva York no era para él. Abandonaba a su esposa cosmopolita, Sonia Green, para encontrar los vestigios secretos y las tradiciones innominadas desde su casa en Nueva Inglaterra. Le quedaban once años para crear el corpus terrorífico más importante de todos los tiempos: los Mitos de Cthulhu.

Long, Frank Belknap

Frank Belknap Long (1901-1994) fue uno de los primeros escritores que formó parte del círculo, y también un gran apoyo en los años de la estancia de Lovecraft en Nueva York. Tuvo una carrera literaria muy larga. Fue uno de los mejores amigos de Lovecraft, a quien le dedicó una cariñosa biografía, Howard Phillips Lovecraft: Dreamer on the nightside (1975). Comenzó colaborando en Weird Tales escribiendo relatos terroríficos, entre los que destacan los ambientados en el mar en la estela de William Hope Hodgson (1877-1918), uno de los maestros de Lovecraft: The desert lich (noviembre, 1924), The ocean leech (enero, 1925) o The sea thing (diciembre, 1925). No olvidemos su contribución a los mitos de Cthulhu con los ángulos imposibles de Los perros de Tíndalos (The hounds of Tindalos, marzo, 1929) o la novela corta El horror de las colinas (The horror from the hills, enero-marzo, 1931). En el campo de la ciencia ficción, colaboró intensamente en Astounding Science Fiction durante la etapa de F. Orlin Tremaine como editor: The last man (agosto, 1934), Green glory (enero, 1935), Cones (febrero, 1936) o Spawn of the red giants (mayo, 1937). Para la revista Unknown, de John W. Campbell: Dark visión (marzo, 1939), The elemental (julio, 1939) o el relato que hemos seleccionado para esta recopilación, Todos me conocen (diciembre, 1939). En Todos me conocen, el autor nos presenta una historia breve de misterio en la que pretende inquietar al lector utilizando los recursos de la novela negra (el hard-boiled yanki) y la narración en primera persona, con tono irónico y despreciativo incluido, para narrar una crueldad inminente. El título original del relato, Johnny on the spot, es una frase hecha que nos remite a alguien que está presente cuando se le necesita; esta vez, para darle un repunte sobrenatural. El género negro aparece en sus siete relatos de ciencia ficción sobre John Carstairs (un detective y un botánico muy especial), que fueron publicados en Thrilling Wonder desde octubre de 1941 (Plants must grow) hasta junio de 1943 (Wobblies in the moon). En otra revista en la que colaboraba asiduamente el autor, Startling Stories, apareció la última historia del personaje: The hollow world (verano, 1945).

Howard, Robert Ervin

Palomas del infierno de Robert E. Howard (1906-1936) es un relato escrito a finales de 1934 y publicado por Weird Tales en 1938, dos años después de la muerte del autor. El excelente artículo de Stale Gismervik, «Dark muses and their influence on REH´s horror stories», da una perspectiva inédita a la supuesta ideología racista y monolítica del escritor. Trata de las tres mujeres, dos de ellas negras, que influyeron en su obra y también en su personalidad. Palomas del infierno está inspirado por los cuentos de fantasmas de tradición irlandesa que le contaba su abuela paterna, Louisa Elizabeth Henry, en Oran, en el condado de Palo Pinto, Texas. Estos cuentos también aparecían trufados por mansiones abandonadas en las plantaciones sureñas del Nuevo Mundo, plagadas de palomas fantasmales que volaban entre las terrazas decoradas. En una carta a Lovecraft fechada en septiembre de 1930, Howard dice lo siguiente: «Toda la melancolía y el oscuro misticismo de la naturaleza gaélica estaban de su parte, y en ella no había un solo atisbo de luz ni alegría». En esa misma misiva se refiere a uno de esos cuentos: «De niño, se me erizaba el pelo cuando ella contaba la historia de la carreta que recorría caminos desolados en la oscuridad de la noche, sin que ningún caballo tirara de ella; la carreta estaba llena de cabezas cortadas y miembros desmembrados [?]; y en una vieja casa de la plantación una mujer malvada agonizaba [?]. Cerrojos fantasmales cerraban las puertas y nadie se atrevía a abrirlas por temor a que la razón lo enfrentara». Todo esto nos remite a la atmósfera inquietante y a una presencia pavorosa durante el desarrollo de los macabros sucesos de Palomas del infierno. Su abuela Louisa Elizabeth también le cantaba oscuras baladas melancólicas que influyeron en la personalidad del autor: «Esos estados de ánimo son hereditarios, trasmitidos de generación en generación en mi linaje puramente irlandés: la heredad de cabellos negros y ojos grises, en la cual, desde tiempos inmemoriales, tanto hombres como mujeres han sido objeto de ataques de profunda melancolía, que en algunos casos han ido acompañados de arrebatos de peligrosa furia cuando se les contradice o se les frustra» (carta a Lovecraft del 2 de noviembre de 1932). Recordemos el suicidio prematuro del autor, tras la muerte de su madre. Otro personaje que influyó en las historias de Howard fue Mary Bohannon. A principios de 1913, los padres de Howard se mudaron a Bagwell, una pequeña estación ferroviaria en el condado de Red River, donde su padre, Isaak, se hizo cargo de la consulta médica del lugar. En esta localidad, el autor, con ocho años, empezó a ir a la escuela. Fue allí donde Howard conoció a Mary Bohannon. Mary nació siendo esclava. «La tía Mary contaba historias de tortura y sadismo que me revuelven el estómago cuando las recuerdo», escribió el autor en sus cartas. Liberada cuando sus amos murieron, Mary se convirtió en cocinera profesional y ama de llaves, circunstancias que la llevaron a servir en casa de los Howard. Robert se quedó cautivado por las narraciones de la tía Mary; por ejemplo, le contó cómo una ráfaga de viento caliente barrió los campos donde estaban los esclavos, anunciando la muerte de su cruel ama. Mary le explicó que, mientras que una brisa fresca sigue el paso de un espíritu bueno, la marcha de un espíritu maligno se caracteriza por un viento cálido que surge de las puertas abiertas del infierno. Entre las muchas historias contadas por Mary, hay una que guarda un gran parecido con nuestro relato, Palomas del infierno. «Dos o tres hombres, generalmente negros, viajan en una carreta por algún distrito aislado. Llegan al anochecer a las ruinas de una plantación que alguna vez fue próspera y deciden pasar la noche en la casa abandonada. Esta casa siempre es enorme, sombría e imponente, y siempre, cuando los hombres se acercan a la alta terraza con columnas, a través de la maleza que rodea la casa, un gran número de palomas se van volando. Los hombres duermen en una gran sala con una chimenea en ruinas y por la noche les despierta un tintineo de cadenas, ruidos extraños y gemidos que vienen del piso de arriba. Se oyen pasos que bajan las escaleras sin causa aparente. Entonces se les aparece una terrible presencia y huyen aterrorizados». Mary compartió también con Howard cuentos populares africanos, dándole una perspectiva única en la representación del horror sobrenatural. Robert compartió una visión cultural y folclórica diferente que le permitió incorporar nuevos elementos a sus historias de terror, más allá de las influencias occidentales convencionales. Fue expuesto a mitos, criaturas y creencias radicalmente diferentes del folclore occidental. Esta incorporación de elementos populares africanos dio a sus obras un sabor único. Otra mujer influyente en la vida de Howard fue Arabella Davis, una lavandera que también nació siendo esclava. Arabella vivía cerca de Mary Bohannon en Bagwell y era considerada por Robert como una filósofa negra. Una historia en particular, la de su conversión espiritual, dejó una huella imborrable en el escritor. «A menudo contaba su conversión, cuando el espíritu del Señor la invadió con tal fuerza que pasó diez días y diez noches sin comer ni dormir. Entró en trance, decía, y durante días los demonios del infierno la persiguieron por las montañas negras y rojas. Durante cuatro días estuvo colgada de telarañas en las puertas del infierno y los perros del infierno la aullaban. ¿Acaso no es una magnífica muestra de imaginación?». La experiencia de Arabella, o más bien la historia que había inventado, le mostró a Howard, escritor de género fantástico, el potencial y la importancia de la imaginación en ese género. Pues solo la imaginación, plenamente liberada, podía producir no solo ficción fantástica, sino también ser un camino hacia la libertad personal.

Bloch, Robert

De Robert Bloch (1917-1994) hemos seleccionado dos relatos. La sentencia druídica (Weird Tales, abril, 1936) es una de sus primeras obras, escrita con 19 años. En nuestro primer volumen del círculo de Lovecraft ya recogíamos otra historia de esta época, Fiesta en la abadía (The feast in the abbey, Weird Tales, enero, 1935), obra con la que se estrenó profesionalmente. La sentencia druídica es un relato de fantasmas y maldiciones que explora un tema recurrente en toda su obra: el terror psicológico. Como anécdota, en el mismo número de la revista donde apareció el relato, en la sección de cartas, aparece un joven Henry Kuttner elogiando a August Derleth («uno de mis favoritos»), a su futura esposa, C. L. Moore, a H. P. Lovecraft (su verdadero mentor literario) y a Robert E. Howard. Además de mencionar a Bloch. íA los lectores les encantaban los personajes de Northwest Smith (Moore) y Conan (Howard)! La segunda historia, Muñecos de horror, ya tiene la fuerza del mejor Bloch, aunque fue publicada cuando tan solo tenía 22 años (Weird Tales, diciembre, 1939). De estos años tenemos otras dos obras maestras: Los canarios del mandarín (The mandarin´s canaries, Weird Tales, septiembre, 1938) y La nadadora roja (The red swimmer, Weird Tales, abril, 1939), muestras de la auténtica crueldad que subyace siempre en sus obras y en sus personajes, convertidos en monstruos humanos, ambas incluidas en nuestro primer volumen sobre el círculo de Lovecraft. En Muñecos de horror, Bloch nos sumerge en una trama psicológica y obsesiva a través de la locura de un interno en un hospital psiquiátrico que está creando diminutos muñecos con arcilla, copiando minuciosamente el propio cuerpo humano. El autor nos lleva de nuevo a terrenos dominados por un terror psicológico en los que el monstruo es el propio ser humano y la realidad se hace ficticia gracias a la locura.

Kuttner, Henry´

Henry Kuttner (1915-1958) fue un escritor muy prolífico, a pesar de su corta vida. En su primera etapa fue discípulo de Lovecraft, quien dijo de él en sus cartas a Wilson Shepherd: «Parece un joven extremadamente brillante» (5 de septiembre de 1936), y que «se encuentra entre los recién llegados más brillantes y prometedores» (17 de febrero de 1937). Escribió todo tipo de géneros en solitario, pero también en colaboración con su esposa Catherine Moore, pionera de lo fantástico. Utilizó numerosos seudónimos, los más destacados: Lewis Padgett y Lawrence O´Donnell, pero el tándem Kuttner-Moore floreció en sus colaboraciones de ciencia ficción para Astounding, desde agosto de 1942, cuando los autores aparecieron en prácticamente todos los números de la revista, incluso más de una vez, utilizando los mencionados seudónimos. Por aquel entonces, John W. Campbell se encontraba en una situación complicada por la escasez de autores, pues muchos participaban en la guerra mundial. Es el caso de Asimov, De Camp, Heinlein o Hubbard. Los Kuttner trataron de paliar este vacío. La otra revista de Campbell, Unknown Worlds, complemento de Astounding, también contó con la prolífica labor de los dos autores, pero, lamentablemente, Unknown llegó a su fin un año después. De los tres relatos que presentamos del autor, los dos primeros pertenecen a su primera etapa como narrador: historias de terror macabro con aliciente gótico, como es el caso de Los ojos ambarinos, publicado por Weird Tales en mayo de 1939. El propio editor de la revista, Farnsworth Wright, introduce el cuento de esta forma: «Una breve y estremecedora historia sobre el horror que atormenta las visiones nocturnas». La otra historia nos presenta a uno de los monstruos clásicos del género. Yo, el vampiro se publicó también en Weird Tales (febrero, 1937) y el escenario es el Hollywood mundano de la época, cuando el vampirismo gozaba de gran popularidad en la pantalla. Wright comenta así el relato: «Un oscuro horror cubrió como niebla la capital mundial del cine; una entidad maligna acechaba a las célebres estrellas del séptimo arte. Una historia curiosa y extraña». Otro de los relatos del autor, publicado un año después en la misma revista, The shadow on the screen, se desarrolla también en la meca de los sueños, aunque esta vez nos refiere más a un Hollywood-Babilonia: drogas, alcohol y abusos, donde, simbólicamente, «una terrible sombra se proyecta sobre la pantalla de cine. Un horror espantoso en la historia de Hollywood», como refiere Wright en la entradilla del relato. Mascarada (Weird Tales, mayo, 1942) trata también el tema del vampiro y es una de las últimas piezas publicadas en Weird Tales, antes de que el autor y su mujer exploraran los caminos de la ciencia ficción en Astounding. Tiene atmósfera gótica y tensión psicológica, características habituales en las obras terroríficas de Kuttner, y, lo más importante, se trata de vampiros modernos: irónicos, mordaces, irreverentes, que nos recuerdan las series de nuestro tiempo, desde Buffy cazavampiros (Buffy the vampire slayer, Joss Whedon, 1997-2003) a Sangre fresca (True blood, Alan Ball, 2008-2014). Curiosamente, el relato sirvió de base para un episodio de la serie de televisión Boris Karloff presenta (Thriller, 1960-1962), que se emitió el 30 de octubre de 1961 con el mismo título original del relato: Masquerade.

Derleth, August William

August W. Derleth (1909-1971) estuvo muy vinculado a su tierra de Wisconsin, sobre la cual creó la Sac Prairie Saga, ahondando en su historia, sus costumbres y leyendas, hasta ser considerado uno de los grandes escritores regionalistas de su Estado. El auge de las revistas de literatura popular lo hizo embarcarse en una incesante escritura de historias fantásticas desde 1926, cuando era un jovencito de diecisiete años. El empuje de estas publicaciones era un buen vehículo de aprendizaje para los escritores noveles. Solo en Weird Tales publicó más de cincuenta relatos hasta 1939, toda la etapa de vinculación con Lovecraft y su obra. En ese año también creó la editorial Arkham House para publicar las obras del autor de Providence y de todos sus colegas del círculo. Era un enamorado de las historias de fantasmas y seres sobrenaturales de la literatura inglesa, como muestran los relatos que aquí recopilamos: El sótano de los vampiros (1926) y El huésped (1928), de sus primeros años como narrador. Temas que no abandonaría en las siguientes décadas como escritor: El teléfono de la biblioteca (1936), Tres caballeros de negro (1938) y El guardián de Bramwell (1940), todos publicados en Weird Tales y que mantienen el regusto gótico anglosajón. Cuando la entonces editora de la revista, Dorothy McIlwraith, quiso, en 1947, encontrar a un autor que escribiera como Sheridan le Fanu (uno de los grandes del cuento clásico de fantasmas), lo eligieron a él. Incluso su afición por el Londres victoriano lo llevaría a crear un trasunto de Sherlock Holmes, Solar Pons. Con un amigo de la infancia, Mark Schorer (1908-1977), y también del ambiente académico de la Universidad de Wisconsin, escribió una serie de relatos muy interesantes. De los veintiún cuentos que escribieron en colaboración para Weird Tales, hemos elegido dos que anteceden al zombi moderno, fruto de la investigación científica y la distopía futurista: Se levantarán y La muerte defiende el puesto, ambos publicados en 1936. El lector está de enhorabuena: va a conocer a un August Derleth muy diferente, alejado del terror cósmico lovecraftiano y de la maldición de haber racionalizado los monstruos de Cthulhu, utilizando, sospechosamente, los escritos póstumos del maestro de Providence.

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